El lenguaje de signos, ¿cómo te comunicarías con palabras sin sonidos?

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EL LENGUAJE DE SIGNOS: ¿CÓMO TE COMUNICARÍAS CON PALABRAS SIN SONIDOS?

Siempre me ha surgido la misma pregunta. ¿Serías capaz de comunicarte con otra persona que no sabe nuestro idioma?

Tomo como referencia mi lenguaje materno, el lenguaje de signos que tuve la suerte de aprender desde niña. De no ser tu caso, me surge la siguiente pregunta:  ¿Serías capaz de comunicarte con una persona sorda sin hablar su idioma?

El lenguaje de signos es el lenguaje empleado por personas que no tienen la capacidad para oírse. Para ello, emplean un lenguaje compuesto de estructuras gramaticales perfectamente definidas.

Sin embargo, existe un gran debate sobre si se considera el lenguaje de signos como un idioma o no por su utilización de “palabras sin sonidos”. Lo que no cabe duda es que la comunicación no verbal es parte fundamental e indispensable de éste , que para mí sí es un idioma.

Un gesto “mal orientado” puede cambiar totalmente el sentido de nuestro mensaje. Una cara “neutra” reduce prácticamente a cero el alcance de nuestro mensaje.

En nuestra manera de comunicarnos, además de las palabras, existen tonos de voz, exclamaciones, la pregunta, la ironía… Expresamos tristeza, alegría, filosofamos con nuestras palabras y nuestra voz.

Pero, ¿qué hay detrás del lenguaje de signos para poder comunicar: Únicamente signos, manos moviéndose? ¿Cómo transmitir?

Las manos son lo esencial pero sin nuestra cara, nuestro arqueo de cejas, los hombros, la inclinación de nuestro cuerpo y un sinfín de matices, no se llega a transmitir de una manera total. Digamos que nuestro mensaje se queda corto.

Como hija de padre y madre sordos, siempre he admirado profundamente la capacidad inmensa que han tenido de viajar por todo el mundo comunicándose con diversas culturas sin miedo a la barrera idiomática, porque hay algo que sí es realmente universal que, como el querer, lo expresamos con nuestro cuerpo.

Por ello, y con ese ejemplo por delante, no podemos olvidarnos nunca de nuestro cuerpo cuando vayamos a comunicar. Del mismo modo, en el arte de la oratoria debemos expresarnos con las mejores técnicas que aprendamos, pero atendiendo también a nuestro lenguaje innato, a lo que nuestro cuerpo también quiere decir.

¡Comunícate sin sonidos!!!

Autora de este post

Irune Gallastegi. Nueva incorporación al equipo de Coaching Factory. Una de las facilitadoras del curso de Oratoria+Saca lo mejor de ti.

LicenciIrune-Gallastegiada en Ciencias Políticas y de la Administración. Le apasionan las personas y la comunicación. Amplia experiencia en labores de selección y formación de equipos comerciales. Coach Profesional Certificada por ASESCO (Asociación Española del Coaching), experta en Coaching Personal y Ejecutivo, especializada en coaching de equipos.

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Nota: la imagen está extraída del blog Milmariposas

Otoño azul, todo depende del color del cristal

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Depende del color del cristal. A quienes recuerden el último capítulo de Verano Azul no les resultará extraña la angustiosa sensación de escuchar aquella triste canción de «El final del verano». Imposible encontrar peor estado de ánimo para volver a la rutina diaria, ¿verdad?.

Tengo que confesar que odio esa canción por el agujero gris que dibuja entre mis costillas. Y sin embargo, es curioso, me basta con saltarme ese «final» y pensar en el «inicio» del otoño y mis sensaciones cambian radicalmente. Desde pequeña me encantaba el arranque del curso: volver a ver a mis amigas, estrenar libros, libretas y bolis, etc. Todo olía a nuevo y a forro de libros. Aún hoy me pasa. Me gusta disfrutar del descanso veraniego pero cuando llega septiembre me atrapa esa energía de lo nuevo (vamos, la que aprovechan los anuncios de coleccionables y cursos de idiomas).

Depende del color del cristal con el que mires

Conclusión: entre el gris del final de Verano Azul y el brillo multicolor de estrenar otoño sólo hay un suspiro y un parpadeo. Misma situación, mismo momento y dos formas opuestas de vivir la experiencia. Volvemos a lo de la botella medio llena o medio vacía. Puedes sentir el triste final de las vacaciones o el ilusionante inicio de ese curso de oratoria con el que siempre soñaste; de una nueva temporada de tu serie favorita; de estrenar gimnasio o de volver a tomar un café con tus amistades. Claro que el verano tiene sus encantos pero no saber ver los del otoño (sabiendo que es lo que le sigue, te pongas como te pongas) es sencillamente simplificar demasiado.

Ya lo decía el filósofo Epicteto: « Lo que me preocupa no son las cosas en sí mismas, sino las opiniones que tenemos sobre las cosas».

¿Cuál es el color del cristal de tus gafas de ver?

Ante el síndrome post-vacacional

No podemos cambiar el paso de las estaciones, igual que no podemos cambiar todas las circunstancias y personas con quienes nos vamos encontrando; no obstante, sí podemos cambiar la forma en que nos relacionamos con nuestro entorno. Por ello, si sufres de síndrome post-vacacional, una vez más la solución está en tu mano (o en tu mente, o en tu estómago… o en donde esté tu centro).

Hablando de esto no puedo evitar recordar la historia de Viktor Frankl y su libro autobiográfico El hombre en busca de sentido. Ante las mismas penurias en un campo de exterminio muchas personas se abandonaban a su suerte, perdían la esperanza e incluso morían antes. Viktor sin embargo trató de vivir esos sufrimientos imaginando los libros y conferencias que podría dar al salir de aquel infierno. Se vio a sí mismo ayudando a otras personas a superar situaciones difíciles gracias a la experiencia que estaba viviendo en sus carnes. Esta forma de afrontar la situación le dio la oportunidad de soportar aquella experiencia con «ilusión» en vez de desesperación, pero también le ayudó a sobrevivir sin caer en el desánimo que a otras personas les llevó a la muerte.

Así que por complicada que sea una situación, por difícil que parezca, siempre nos queda buscar un cristal de color diferente y sacarle partido a la experiencia. Me gusta la forma de expresarlo de Stephen Covey.

«Las personas reactivas se ven a menudo afectadas por su ambiente físico. (…) Las personas proactivas llevan consigo su propio clima (…). Su fuerza impulsiva reside en sus valores y si su valor es hacer un trabajo de buena calidad, no depende de que haga buen tiempo o no

Vale que no es fácil, pero me encanta saber que es posible, gratis y lo tenemos al alcance de nuestra mano. La clave está en tomar conciencia como dice Covey de que «soy lo que soy como consecuencia de mis elecciones de ayer», sólo así podremos decir: «elijo otra cosa». ¿Habéis oído hablar de la proactividad?Se trata de ser proactivos y usar nuestra capacidad para decidir si queremos dejarnos influir por el clima, la crisis, un jefe gritón, unos hijos insufriblemente adolescentes,…o si nos saltamos todo esto que nos llega de fuera y buscamos nuestro «otoño azul» .

¿Y si ni con esas? Entonces hay que ser más proactivos todavía y pedir ayuda. Tu amigo, tu vecina, tu tía la del pueblo o tu coach pueden servirte para hacer ese viaje interior buscando el cristal de colores que necesitas. Yo ya me estoy poniendo manos a la obra, que falta me hace.

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Autora de este post: Carmen Burguete, nueva incorporación al equipo de Coaching Factory. Licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales, Master in Business Administration, Coach Profesional Certificada por ASESCO e ICF, experta en Coaching Personal y Ejecutivo. Coaching de Equipos y Practitioner en Programación Neurolingüística. Trayectoria profesional en área comercial y gestión de equipos.

Le apasiona la comunicación. Activa y comprometida con sus sueños, actualmente es vicepresidenta de Educación en el club internacional de oratoriaToastmasters Bilbao. Su perfil enLinkedin.

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Actitud vital: pingüinos o caníbales

Pingüinos

El modelo de los pingüinos o los caníbales. Tú eliges. La lección vital que nos dan los pingüinos es extrapolable a la vida, en todas sus facetas. Nosotras la llevamos especialmente al mundo empresarial, y especialmente, al trabajo en equipo. Ahora que la situación económica es tan gélida como la inhóspita Antártida, ¿cuál es la actitud vital que está aflorando en tu entorno, la de los pingüinos o la de los caníbales?

Este verano han caído en mis manos varios libros. Y he tenido suerte. Todos me han encantado. Me han aportado. Me han enseñado. Me han emocionado. Me han hecho reflexionar y replantearme muchas creencias vitales. En definitiva, me han hecho crecer, y soñar.

hijadelcanibalUno de esos libros, es la novela de Rosa Montero, La hija del caníbal. Todo un tratado existencialista, con una cierta mirada cínica o crítica sobre el amor y las relaciones, tal vez un escudo para proteger a la niña huérfana de seguridad de la protagonista. Reflexiona sobre la guerra, sobre las parejas, el amor, la pasión, las relaciones filiales, la vejez, el bien y el mal, la corrupción, la guerra, las víctimas y los verdugos, los perdedores y los vencedores, el éxito… Por eso digo que parece un ensayo enrededado en una historia de intriga, secuestro o corrupción.

Recojo una de las historias que el anciano protagonista, Fortuna, exrevolucionario, extorero y anarquista, en respuesta a uno de los vencedores de la guerra, actual alto cargo corrupto, que se ríe de los héroes caídos durante la guerra por sus ideales. Defiende la cobardía y el mal como necesaria para la supervivencia de la especie humana, y se siente satisfecho de pertenecer a los mandamases, y justifica la acción de su abuelo que huyó de una batalla mientras otros caían por ser fieles a sus principios.

“El bien y el mal, el honor y la vida. Había que elegir. Podían ser fieles a unos ideales y caer en manos de los torturadores, o bien podían traicionarse y sobrevivir. Había que escoger. Unos, los heroicos, fallecieron. Otros, los cobardes, regresaron, vieron crecer a sus hijos, hicieron negocios, acabaron convertidos en prohombres. Los héroes son inútiles, mientras que los constructores de países son siempre los otros. Los que huyen y traicionan. Los supervivientes, quienes escriben la historia. No es fácil ser el vencedor. La cobardía es sabiduría y el heroísmo una estupidez. La ilegalidad también ha de ser gestionada para que la máquina funcione. Este es el verdadero orden del mundo”.

El anciano Fortuna responde con la historia de los pingüinos para realizar este alegato en favor del bien, de la honestidad, de la generosidad y el altruismo.

El modelo vital de los pingüinos

Imaginaros la desierta Antártida. Sentid el frío helador y el viento que recorre como cuchillas el aire gélido. En ese entorno, los pingüinos han creado un sistema para garantizar su supervivencia. Así lo cuenta el anciano Fortuna:

Cuando las crías de los pingüinos salen de sus huevos, los padres han de dejarlas solas para irse al mar en busca de comida. Esto plantea un grave problema, porque los pequeños pingüinos se encuentran recubiertos de un plumón tan ligero que resultaría insuficiente para mantenerlos vivos en las temperaturas extremadamente frías del Polo Sur. Entonces lo que hacen los pollos es quedarse todos juntos sobre sus islotes de hielo, miles de pingüinos recién nacidos apretujados los unos contra los otros para darse calor. Pero para que los que se encuentran en la parte exterior del grupo no se congelen, los pollitos permanecen en constante movimiento rotatorio, de manera que ninguna cría tenga que estar a la intemperie más de unos segundos.

Ingeniosa artimaña colectiva. Muestra de solidaridad humana.

Pero lo hacen porque así tienen más esperanzas de sobrevivir: es una generosidad dictada por la memoria genética, por la sabiduría bruta de las células.

El BIEN está ya presente en las entrañas y animales irracionales.

Los humanos somos incapaces de imaginarnos lo que no existe; si podemos hablar de cosas tales como el consuelo, la solidaridad, el amor y la belleza es porque esas cosas existen en realidad, porque forman parte de las personas, lo mismo que la ferocidad y el egoísmo.

Ahora está en nuestras manos alimentar el mal o el bien. Ser pingüinos o caníbales. Es una elección. ¿Sobrevivimos apoyándonos o nos comemos unos a otros para sobrevivir? ¿Colaboración o individualismo? Un planteamiento vital. En nuestros cursos en las empresas sobre trabajo en equipo hablamos y fomentamos la actitud vital de los pingüinos.


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