Otoño azul, todo depende del color del cristal

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Depende del color del cristal. A quienes recuerden el último capítulo de Verano Azul no les resultará extraña la angustiosa sensación de escuchar aquella triste canción de «El final del verano». Imposible encontrar peor estado de ánimo para volver a la rutina diaria, ¿verdad?.

Tengo que confesar que odio esa canción por el agujero gris que dibuja entre mis costillas. Y sin embargo, es curioso, me basta con saltarme ese «final» y pensar en el «inicio» del otoño y mis sensaciones cambian radicalmente. Desde pequeña me encantaba el arranque del curso: volver a ver a mis amigas, estrenar libros, libretas y bolis, etc. Todo olía a nuevo y a forro de libros. Aún hoy me pasa. Me gusta disfrutar del descanso veraniego pero cuando llega septiembre me atrapa esa energía de lo nuevo (vamos, la que aprovechan los anuncios de coleccionables y cursos de idiomas).

Depende del color del cristal con el que mires

Conclusión: entre el gris del final de Verano Azul y el brillo multicolor de estrenar otoño sólo hay un suspiro y un parpadeo. Misma situación, mismo momento y dos formas opuestas de vivir la experiencia. Volvemos a lo de la botella medio llena o medio vacía. Puedes sentir el triste final de las vacaciones o el ilusionante inicio de ese curso de oratoria con el que siempre soñaste; de una nueva temporada de tu serie favorita; de estrenar gimnasio o de volver a tomar un café con tus amistades. Claro que el verano tiene sus encantos pero no saber ver los del otoño (sabiendo que es lo que le sigue, te pongas como te pongas) es sencillamente simplificar demasiado.

Ya lo decía el filósofo Epicteto: « Lo que me preocupa no son las cosas en sí mismas, sino las opiniones que tenemos sobre las cosas».

¿Cuál es el color del cristal de tus gafas de ver?

Ante el síndrome post-vacacional

No podemos cambiar el paso de las estaciones, igual que no podemos cambiar todas las circunstancias y personas con quienes nos vamos encontrando; no obstante, sí podemos cambiar la forma en que nos relacionamos con nuestro entorno. Por ello, si sufres de síndrome post-vacacional, una vez más la solución está en tu mano (o en tu mente, o en tu estómago… o en donde esté tu centro).

Hablando de esto no puedo evitar recordar la historia de Viktor Frankl y su libro autobiográfico El hombre en busca de sentido. Ante las mismas penurias en un campo de exterminio muchas personas se abandonaban a su suerte, perdían la esperanza e incluso morían antes. Viktor sin embargo trató de vivir esos sufrimientos imaginando los libros y conferencias que podría dar al salir de aquel infierno. Se vio a sí mismo ayudando a otras personas a superar situaciones difíciles gracias a la experiencia que estaba viviendo en sus carnes. Esta forma de afrontar la situación le dio la oportunidad de soportar aquella experiencia con «ilusión» en vez de desesperación, pero también le ayudó a sobrevivir sin caer en el desánimo que a otras personas les llevó a la muerte.

Así que por complicada que sea una situación, por difícil que parezca, siempre nos queda buscar un cristal de color diferente y sacarle partido a la experiencia. Me gusta la forma de expresarlo de Stephen Covey.

«Las personas reactivas se ven a menudo afectadas por su ambiente físico. (…) Las personas proactivas llevan consigo su propio clima (…). Su fuerza impulsiva reside en sus valores y si su valor es hacer un trabajo de buena calidad, no depende de que haga buen tiempo o no

Vale que no es fácil, pero me encanta saber que es posible, gratis y lo tenemos al alcance de nuestra mano. La clave está en tomar conciencia como dice Covey de que «soy lo que soy como consecuencia de mis elecciones de ayer», sólo así podremos decir: «elijo otra cosa». ¿Habéis oído hablar de la proactividad?Se trata de ser proactivos y usar nuestra capacidad para decidir si queremos dejarnos influir por el clima, la crisis, un jefe gritón, unos hijos insufriblemente adolescentes,…o si nos saltamos todo esto que nos llega de fuera y buscamos nuestro «otoño azul» .

¿Y si ni con esas? Entonces hay que ser más proactivos todavía y pedir ayuda. Tu amigo, tu vecina, tu tía la del pueblo o tu coach pueden servirte para hacer ese viaje interior buscando el cristal de colores que necesitas. Yo ya me estoy poniendo manos a la obra, que falta me hace.

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Autora de este post: Carmen Burguete, nueva incorporación al equipo de Coaching Factory. Licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales, Master in Business Administration, Coach Profesional Certificada por ASESCO e ICF, experta en Coaching Personal y Ejecutivo. Coaching de Equipos y Practitioner en Programación Neurolingüística. Trayectoria profesional en área comercial y gestión de equipos.

Le apasiona la comunicación. Activa y comprometida con sus sueños, actualmente es vicepresidenta de Educación en el club internacional de oratoriaToastmasters Bilbao. Su perfil enLinkedin.

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Otoño, a vueltas con la cosecha.


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¡Sorpresa! La sexta emoción

Sorpresa en los niños

Sorpresa, la sexta emoción. La emoción olvidada. Se reconocen cinco emociones básicas: la tristeza, la alegría, la ira, el miedo y el asco. La sorpresa no es reconocida en sí misma unánimemente como una emoción.

Sorpresa, impresión producida por algo imprevisto. La sorpresa se siente de manera inesperada durante un breve instante. Es espontánea e inesperada. Genera a continuación un sentimiento que puede ser neutral, agradable o desagradable. Puede dar paso a las diferentes emociones: miedo, alegría, asco, ira o tristeza.

La sorpresa, imprescindible para el crecimiento

Para mí, es indudablemente una emoción básica e imprescindible para el crecimiento del ser humano. Somos seres que necesitamos amor, y tan fuerte como nuestro instinto de supervivencia, es nuestra innata necesidad de aprender y crecer.

Tan fuerte como nuestro instinto de supervivencia, es nuestra innata necesidad de aprender y crecer

El amor y el conocimiento. Los dos grandes motores de la vida. Hay quien asegura que nuestro impulso por conocer, entender, comprender y saber es incluso más fuerte que el deseo sexual.

No sé si será cierto, pero cuando lo escuché me produjo sorpresa, además de risas en el auditorio. Esa aseveración se quedó fija en mi memoria.

El amor y el conocimiento. Los dos grandes motores de la vida

Precisamente, la neurociencia, tras  años de investigación sobre el funcionamiento del cerebro y sus conexiones neuronales ha determinado que la sorpresa es fundamental en el proceso de aprendizaje. Los estudios sobre cómo aprende el cerebro han concluido que la emoción y la sorpresa están relacionadas con la activación de una amígdala del sistema límbico que se aviva ante los acontecimientos que considera importantes, consolidándolos como recuerdos más duraderos.

¿Cuál fue la última vez que te sorprendiste? ¿Y en la que sorprendiste a alguien?

Los niños y niñas tienen que aprender mucho en poco tiempo. Es su capacidad de asombro, de descubrir algo nuevo, de percibir la novedad, lo que les ayuda a prestar atención y mostrar interés por lo nuevo. Esta emoción les ayuda a fijar en su memoria toda la nueva información. Podríamos pensar que al hacernos mayores perdemos la capacidad de asombro. Yo opino todo lo contrario. Cuanto más sabemos y entendemos, mayor capacidad de sorpresa desarrollamos.

Te propongo que en los próximos diez minutos ejercites tu capacidad de asombro. Mira a tu alrededor y pregúntate:

¿Qué es esto? ¿Para qué sirve? ¿Por qué está aquí? ¿Por qué tiene ese color y no otro? ¿Qué hace esto aquí? ¿Por qué está aquí y no en otro sitio?

Tócalo. Obsérvalo. Huélelo.

Tal vez y sólo tal vez, te sorprendas. No dejes de sorprenderte. A la vuelta de la esquina, en el próximo minuto puedes aprender algo nuevo. Depende de ti. Depende de las preguntas que te hagas.

La sorpresa es básica. Seamos nosotros también básicos. Como los niños y niñas que se dejan sorprender por la vida. Sorpréndeme y cuéntame cuál ha sido tu sorpresa favorita.

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Despedirse de la tristeza

Oda a la tristeza


 

 

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Despedirse de la tristeza

 

Despedirse-de-la-tristeza

¿Cómo despedirse de la tristeza si no le damos la bienvenida? Estreno el blog con un tema nada popular: la tristeza. En el post anterior hablé de ella y prometí acompañarla de una meditación guiada. ¿Una meditación guiada para qué? Para comenzar el curso con las pilas cargadas, llenas de energía, dispuestos a acoger al futuro emergente, con ilusión y felices ante la incertidumbre que depara todo inicio de curso.

Para iniciar un cambio o una nueva etapa es necesario desprenderse de lo viejo y dejar sitio a lo nuevo, dejar atrás emociones limitantes como la tristeza y saludar a las emociones potenciadoras como la alegría y la confianza. Por ello, este post. Para despejar la más mínima niebla que la tristeza pudiera proyectar sobre nuestro futuro. Fuera sombras. No hay tiempo que perder. Un nuevo y brillante curso nos está esperando. Por eso, esta meditación guiada para conectar con la tristeza, para saludarla,entenderla y así, despedirnos de ella.

Se puede ayudar al llanto a que venga.

Cierra los ojos, apriétalos,

frunce la frente

dirige hacia abajo la comisura de la boca

Contrae el abdomen, duro

Todo tu cuerpo tiene que estar constreñido y agarrotado

¿Dónde tienes tus pensamientos?

¿Qué es lo que te aflige?

Una ruptura sentimental

Una desilusión amorosa

Un fracaso laboral

Sufriste una injusticia

Sientes que no te valoran lo suficiente

Crees que no te reconocen en su justa medida

Estás desorientada

Te sientes sola

Perdiste a alguien querido

Lo tienes todo y aun así el pecho te oprime

No hay que tener razones para llorar o para estar triste.

La tristeza es un estado que nos lleva a nuestro interior.

Tal vez hace mucho que no te hablas, no te miras o no te cuidas.

La TRISTEZA llama a tu puerta.

Escúchala.Tiene un mensaje para ti.

Escúchala. Piensa sobre lo que te dice.

Abrázala. Cálmala. Compadécela. Pídele perdón por no haberla hecho caso antes.

Estate con ella el tiempo que quieras, y que necesites.

Llora, balancéate, mésate los cabellos, camina, anda, da vueltas, grita, desespérate.

Déjate llevar por la TRISTEZA.

¿Sientes calor, verdad?

¿Te queman los ojos?

Sientes calor en las mejillas.

Sientes ardor en el estómago.

Déjalo estar.

La TRISTEZA nació con nosotros. Es una de las emociones básicas que nos acompañan desde que nacemos y está presente en todas las culturas y civilizaciones del planeta.

Por eso… reconócela y siéntela. No tengas prisa por despedirla.

Tú y ella sabéis que no estaréis juntas por mucho tiempo.

Toma nota del mensaje que te deja la TRISTEZA. Aprende y actúa, en consecuencia.

ACTÚA, RECTIFICA, APRENDE para que la TRISTEZA sienta que ha sido escuchada.

Cuando la TRISTEZA sepa y tenga la certeza de que la has entendido, ella misma volverá a su gruta, y dejará paso al

CORAJE para que cambies y progreses, y a la

ALEGRÍA para que disfrutes y rías de la vida, y a la

ILUSiÓN para que te dé fuerzas y acompañes al CORAJE en ese proceso de cambio y progreso, y transformación y desarrollo, y a la

CONFIANZA y a la FE, para que te acompañen en el camino y no abandones nunca la senda del AMOR y la CREACIÓN, los dos factores que dan sentido a la vida.

 


 

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Oda a la tristeza

Antes de entrar al cineforum organizado por el CIE en Bilbao

Antes de entrar al cineforum de la película Del revés sobre las emociones organizado por el CIE en Bilbao

Oda a la tristeza. Hoy, canto a la tristeza. Gracias a la película Del revés de dibujos animados, que habla de las emociones básicas, me he acordado de la TRISTEZA. De todos los personajes, esto es, las emociones básicas, ALEGRÍA, TRISTEZA, IRA, ASCO y MIEDO, con la emoción con la que más me identifico es la tristeza. Me encantaría decir que soy pura ALEGRÍA y que es ella la que domina mi vida, pero tiendo más a ser introspectiva, taciturna y reflexiva.

Hoy, canto a la tristeza. Recupero unas líneas que escribí hace años invocando a la tristeza. La necesitaba. Necesitaba sentirla en toda su intensidad. Pido disculpas por el tono de este post, por si pudiera deprimir a alguien. No sigas leyéndolo si te encuentras en una etapa triste en tu vida o feliz, y no quieres ni oír hablar de la tristeza.  O sí. Precisamente cuando lo escribí quería tocar fondo. Disculpadme por no corregir lo que escribí en su día de corrido, sin matizar, sin releer, dejando que mi mano escribiera lo que sentía sin filtros.

“¿Dónde estás? Sé que estás ahí. Te siento, debajo del pecho. Mi rostro se comprime, se frunce, se humedecen los ojos, pero no te ven. Sigo buscándote. Quiero encontrarte para echarme a llorar. Quiero llorar, sollozar, vaciarme. Quiero tocarte, abrazarte, hacerte mía, para calmarte, vaciarme.

TRISTEZA, te busco. No tengo un cuerpo tan grande para no encontrarte. Sé que estás ahí, y hoy te necesito. Necesito poner nombre a mi estado.

TRISTEZA. No te acurruques, no te avergüences, no te escondas. Crees que me haces daño y no es así. Ahora te necesito. Necesito poner nombre a esta emoción.

TRISTEZA, no creas que me entristeces, no te sientas culpable.

Gracias por estar ahí, porque hoy te necesito. NECESITO llorar. SI no lo hago, sé que alguno de mis órganos enfermará. Por eso dejar de estar asustada, de esconderte y de sentirte pequeña.

De todas las emociones, tú eres la más pequeña, así te sientes. Pero eres GRANDE. Quiero abrazarte ahora, sentirte, calmarte, calmarme.

Fundidas en un gran abrazo, TRISTEZA, saldremos adelante.

Vendrán CORAJE y ALEGRÍA, ILUSIÓN y CONFIANZA, hasta FE vendrá a abrazarnos, para salir adelante. Pero ahora estamos tú y yo.

¿Dónde estás? Yo ya no te busco. Me quedo quieta. Te espero para terminar en un mar de sollozos, rotas por un llanto desgarrado y desconsolado. Ven, te espero…”

Ese día no vino, y yo seguí atenazada, mustia, ni siquiera triste… Quería llorar, pero mi VALENTÍA no me lo permitía. Me decía: “saldremos adelante, esto pasará, llorar no sirve de nada, para qué, busca una solución y ponte en marcha…”.

Pero yo sabía que antes tenía que vaciar y nadar en un mar de lágrimas…

Por eso escribí una meditación para invocar a la TRISTEZA, más bien a su exponente, el LLANTO…

Pero ese es otro post…

Gracias CIE por organizar el cineforum sobre esta película esencial para niños, niñas y adultos.

 


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¡¡Horror, tengo que hablar en público!!

Mujer de los nervios

¿Eres de esas personas a las que se les seca la boca, les tiembla la voz, les sudan las manos y el corazón les va a mil por hora cada vez que tienen que hablar en público?, ¡bienvenido/a al club!.

Esta semana, ha estado marcada por la aparición en los medios de comunicación de un grupo de maravillosas mujeres emprendedoras y empresarias, al que tengo el orgullo y la suerte de pertenecer y al que podéis seguir en www.emakumeekin.org. Por eso, me ha dado por ponerme a investigar por qué nos ponemos tan nerviosos/as cuando nos enfrentamos a un auditorio, a un micrófono y/o a una cámara. Elsa Punset y el profesor de psicología Clínica Experimental de la Universidad de Würzburg, Matthias Wieser, me han ayudado a entenderlo un poco mejor y me han dado unos trucos para controlar la ansiedad de hablar en público, que os voy a ir contando.

Primer asunto: ¿por qué muchos de nosotros/as nos ponemos de los nervios al hablar en público?

La neurociencia dice que es porque nuestro cerebro vuelve a hacer de las suyas. Se juntan en plan compinches el sistema de activación reticular y la amígdala, trayendo como resultado el que seamos particularmente rápidos/as para reconocer determinados tipos de caras en la audiencia, sobre todo aquellas que podrían desvelar pensamientos poco amables hacia nosotros/as, (rostros tristes, enfurruñados etc.). Ya veis que esto no ayuda demasiado, así que ¡sigamos!.

Segundo asunto: ¿es normal esto de ponerme de los nervios cuando hablo en público?

¡Pues sí!.  Resulta, que en gran parte de la vida diaria funcionamos con un cerebro inconsciente muy emocional, que nos quiere proteger. Y si ese cerebro emocional se siente amenazado, no va atender a argumentos racionales  como puede ser repetirse a uno/a mismo/a mil veces frases del tipo “no hay peligro, a toda esa masa de desconocidos/as, les va a encantar mi discurso”.

El cerebro emocional te avisará de forma inconsciente con mensajes de este otro tipo: “estás a punto de enfrentarte a una manada salvaje que puede reaccionar de cualquier manera: silbando, abucheando, tirando tomates”. Y claro, a los seres humanos no hay nada que nos ponga más nerviosos que la incertidumbre.

Tercer asunto: si la parte inconsciente de mi cerebro es la que me da guerra y no atiende a razones, ¿hay alguna manera de calmarla?.

¡Buenas noticias!. Sí que hay forma de calmarla. Ofrecerle pruebas concretas de que controlas la situación en la medida de lo razonable para que sus niveles de alerta ante la incertidumbre desciendan y te deje tener la fiesta, (el discurso, la presentación, la conferencia o lo que sea), en paz.

Cuarto asunto: ¿qué tipo de pruebas le hacen efecto?

Ensayar la charla en tu cabeza un montón de veces y, cuando te canses, ponerte delante de un espejo y seguir ensayando hasta que sientas que puedes dar la charla con tranquilidad, fluidez y desenvoltura (al menos en tu casa). Si quieres ir un paso más allá, puedes cerrar los ojos y recrear la sensación de estar en el escenario mientras cientos de personas prestan atención a lo que estás diciendo.

Beber un trago de agua antes de salir al escenario. Esto sirve para hacer pensar a tu cerebro irracional que la situación no es tan peligrosa como el vaticinaba, porque si estuvieras ante auténtico peligro de muerte, no serías tan tonto/a como para detenerte a beber.

Respirar profundamente desde el abdomen. Cuando tienes miedo, todos tus procesos fisiológicos se ven afectados, especialmente el digestivo, el urinario y el respiratorio. Ralentizando voluntaria y profundamente uno de ellos, en este caso la respiración, le estás diciendo a tu cerebro irracional que el peligro es menor del que teme. Además, una respiración acompasada y profunda, hará que tu voz se proyecte sin temblores y con más fuerza.

No poner obstáculos físicos entre el público y tú. Busca crear una comunicación directa con el público para que se establezca un clima de confianza entre vosotros/as. ¡Vivan los “pinganillos” y los micrófonos inalámbricos, fuera atriles, mesas y otros parapetos!

Mantener contacto visual con tu público. Existe una técnica que se llama “de los tres segundos”. Consiste en buscar al inicio de la charla entre las primeras filas de espectadores, una persona empática que asienta con la cabeza y sonría mientras hablas. Alterna el mirar a los ojos directamente a esa persona durante tres segundos, con fijar tu visión en el global de la sala. Utiliza también a esa persona seleccionada, para centrarte en ella cuando sientas que te desconcentras o que te sientes inseguro/a.

Y para terminar… el mega súper truco.

No pretendas aparentar lo que no eres y trabaja tus sentimientos desde adentro, con autenticidad. La escritora holandesa Lise Heyboer dice que solo cuando convivimos con nuestras emociones con naturalidad irradiamos relajación y ligereza. Si estás cómodo/a y relajado/a contigo mismo/a, conseguirás contagiar esa sensación de cercanía y seguridad a los/as que te rodean.

¡Ánimo…y al escenario! Tienes la oportunidad de sacar lo mejor de ti con nuestro curso de ORATORIA.

Curos-Oratoria-Bilbao-septiembre

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Receta del chef para cocinar un buen pastel de optimismo.

Pastel de optimismo   Esta semana queremos daros una receta llena de mentalidad positiva. Ingredientes:

  • Un detector de las tres “P” y unas tenacillas para extirparlas porque saben amargas.
  • Un potenciador de las tres “C” porque le dan un toque extra-sabroso a la vida.
  • Una escalera para cambiar de perspectiva y saber que siempre hay una salida.
  • Un relajante natural para que no te de guerra tu sistema límbico profundo.
  • Creatividad y ganas de pasarlo bien.

¿Comenzamos?

El detector de las tres “P” y las tenacillas.

Algunas personas “terribilizan” más que otras. Las que fantasean con resultados satisfactorios, es más probable que sean optimistas. Las que tienen tendencia ponerse en lo peor, son pesimistas.

Portada de Aprenda optimismo

Portada de la edición en castellano de “Aprenda Optimismo”

Existe un tercer grupo de personas (entre las que me incluyo), a las que se denomina en neurociencia “pesimistas rehabilitadas”. Son personas de tendencia pesimista que se han hartado, y apuestan cada día por practicar el positivismo activo y consciente. El doctor Martin Seligman habla de ellas en su libro “Aprenda Optimismo”.

Los/as pesimistas rehabilitados/as, tenemos que llevar con nosotros un detector de las tres “P” y unas tenacillas, para mantenernos en la brecha del optimismo cueste lo que cueste.

Un detector de las tres “P”, te avisa con un pitido chirriante cada vez que te estás tomando algo de manera Personal (como una amenaza de la que te tienes que defender), Penetrante (en el sentido de que lo invade todo) y Permanente (constantemente). Es el momento de agarrar firmemente las tenacillas.

El potenciador de las tres “C”.

En cuanto escuches el primer pitido chirriante, extirpa con las tenacillas el pensamiento Perturbador y conecta  tu potenciador de las tres “C”.  Este aparato, te hará cambiar el chip y transformará la amenaza en Cooperación, la sensación de indefensión en fuerza y Confianza y el auto-fustigamiento en Compromiso.

La escalera para cambiar de perspectiva y saber que siempre hay una salida.

En aquellas ocasiones en las que no puedas cambiar una situación, recuerda que siempre puedes cambiar tu marco de referencia mental, esto es, la forma o perspectiva en que tu  mente la interpreta.  Es algo parecido a lo que os conté en el post “A vueltas con el síndrome post-vacacional”, en relación a aquella excursión a la cala desierta. Y es que, ver las cosas desde una perspectiva diferente y más flexible, ayuda a sacar a flote tus tres “C”.

 Un relajante natural para que no te de guerra  tu sistema límbico profundo.

El sistema límbico profundo es una estructura del tamaño de una nuez. Está enterrado en el centro de tu cerebro y, entre otras funciones, se encarga del modo en que interpretamos el mundo que nos rodea. Si el sistema límbico está hiperactivo, (o sea, de los nervios), nos ponemos las gafas oscuras para ver la realidad. Aparece la desmotivación y el agotamiento físico/mental, a la vez que desaparece la fuerza de voluntad y la ilusión.

Por el contrario, si está tranquilo, aparecen las gafas de color rosa. Te sientes enérgico/a, brillante y te encanta estar en acción.

¿Cómo se calma un sistema límbico? Inundándolo de serotonina, que es la hormona de la felicidad. ¿De dónde puedes extraer serotonina?, de aquellas recomendaciones que te daba tu abuela y de las que te proporciona tu propio sentido común. Come bien, descansa, acércate y charla un rato con las personas de tu entorno, aprovecha para dar paseos por la naturaleza, haz lo que te haga sentir en paz y relajado/a, practica deporte…

Y sobre todo, recuerda:

Cuanto más irracionalmente ocupado/a estas y menos sentido común aplicas a las cosas básicas (comer, dormir, comunicarte, hacer ejercicio…), más guerra te va a dar tu sistema límbico.

Creatividad y ganas de pasarlo bien en esta vida.

Cuando éramos pequeños/as, divertirnos y vivir el momento era fácil. Sonreíamos y nos reíamos mucho. La alegría estaba presente en todo. La creatividad fluía de manera natural y no nos preocupaban las normas y convenciones sociales.

De repente, un día eres una persona adulta, tienes responsabilidades y empiezas a pensar: “cuando acabe con todas mis obligaciones, entonces quizá pueda divertirme” y, resulta que cuando las terminas, es hora de irte a dormir, estás demasiado cansado/a o medio muerto/a.

Este planteamiento es un coladero para que el pesimismo se pose en tu vida, así que anda con cuidado y mantente vigilante.

Parece que se nos olvida que la vida es un regalo con fecha de caducidad y que hay un tiempo para cada cosa. A esta pesimista rehabilitada, le gustaría que en su lápida apareciera reflejada su filosofía de aprovechamiento vital y pusiera algo así:

“Sonreía siempre, amó mucho, era creativa, transgresora y chispeante, solidaria, una amiga en la que podías confiar y a la que recurrir a pesar de que nunca recordara las fechas de los cumpleaños ni devolviera todas las llamadas”.

Y a ti, ¿cómo te gustaría que te recordaran?.

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Una de virus y antídotos. El juicio vs la empatía

 Descubriendo como la empatía disuelve nuestra manía de juzgar a los/as demás.

Descubriendo como la empatía disuelve nuestra manía de juzgar a los/as demás.

Estas semanas, en las que el Ébola está siendo primera plana en todos los medios de información, me ha dado por pensar que existe otro tipo de “virus” altamente venenoso y con una ratio de contagio impresionante, con el que convivimos a diario y nos hace la vida muy difícil. Estoy hablando de la tendencia a juzgar a los demás.

En un mundo ideal, todos/as seríamos inmunes tanto a las alabanzas como a los juicios del resto de los mortales pero, vosotros/as al igual que yo, sabéis que eso no suele ser así. Si preguntáramos delante de un auditorio numeroso (y sincero); “¿a quién le importa lo que piensen los demás de vosotros/as?, os aseguro que aquello se llenaría de un estruendo de voces que contestarían con un sonoro; “a mí”. Y es que, todos/as sabemos que tenemos un personaje insertado en nuestra cabeza, el juez, que además parece funcionar en modo “piloto automático” y que nos complica la existencia.

La explicación a esto, es que nuestro cerebro está programado para la aprobación porque cuando éramos bebes, ser rechazados significaba la muerte. Así pues, resulta que la necesidad de que nos valoren, nos respeten y nos quieran, la consideramos como una cuestión de supervivencia. De hecho, la famosa pirámide de las necesidades de Maslow, refleja el sentido de pertenencia a un grupo y el reconocimiento, como dos de los niveles que conducen a la auto-realización y plenitud personal.

Hay una interesante observación al respecto que hace el Doctor Daniel Amen, un psiquiatra que estudia los efectos de la química cerebral en la conducta. Él lo llama la regla del 18/40/60 y, aunque tenga el formato de las medidas de un mueble auxiliar de tienda sueca, no van por ahí los tiros.

La regla del 18/40/60 significa que a los 18 años nos preocupamos demasiado por lo que los/as demás piensen de nosotros/as; a los 40 eso comienza a importarnos un pimiento y a los 60 nos damos cuenta de que nadie pensaba en nosotros/as de todos modos.

Me parece una regla muy interesante pero estaría mucho mejor, seríamos más inteligentes y sobre todo tendríamos más paz, si pudiéramos conseguir llegar a esa conclusión antes de los 60.

¿Cómo podemos lograrlo?, con el antídoto al virus del juicio: la empatía.

A medida que desarrollamos la capacidad de ponernos en la piel de otra persona, nuestras críticas desaparecen y entra en escena la comprensión. Esto sucede porque, salvo en los casos en que los seres humanos tengan graves heridas emocionales, la mayoría de nosotros/as hacemos todo lo mejor que podemos en esta vida, aunque cometamos errores en el proceso de aprendizaje.

Tomar conciencia de que nuestras críticas son proyecciones de algo que no queremos reconocer en nosotros/as mismos/as, ayuda a activar nuestra comprensión y empatía hacia los/as demás y hace que el juicio vaya perdiendo terreno.

De hecho, lo que nos preocupa de los demás suele ser un reflejo de nuestro lado oscuro, esa parte de nuestra personalidad a la que juzgamos severamente e intentamos ocultar con vergüenza. Este lado oscuro, funciona igual que nuestra sombra física. Nos sigue a todas partes y nos va a seguir perjudicando hasta que seamos capaces de verla, analizarla y perdonarla en nosotros/as  y en los/as demás.

En Coaching Factory podemos acompañarte a mejorar tu calidad de vida y la de las personas que te rodean, ayudándote a aumentar tus niveles de empatía.

Cuando comprendemos las sombras de otras personas, somos menos vulnerables a sus opiniones. Podemos entenderlas, respetarlas y compartirlas (o no).

Cuando comprendemos nuestra propia sombra, damos el primer paso para generar anticuerpos contra el virus de juzgar a los/as demás y estamos en el camino a su aniquilación.

Y dicho esto, os propongo un brindis con un chupito de empatía bien cargado!!!  Feliz fin de semana !!!

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Los valores no son ningún cuento. Erase una vez… el valor de los valores

¿Cuáles serán los 3 valores que la guerrera salvó de la destrucción? ¿Cuáles hubieras salvado tú?

¿Cuáles serían los 3 valores que meterías en una botella de cristal para salvarlos y difundirlos por todo el mundo?

Los valores no son ningún cuento. Rigen nuestras vidas, seamos o no, conscientes de ello. Porque los valores son importantes, os proponemos un juego para que descubráis los valores troncales de vuestra vida. Os invitamos a descubrir vuestros valores en esta apasionante aventura.

Imagina una tierra lejana habitada por elfos, hadas y personajes fantásticos, de una extraordinaria belleza, cada uno, portador de un valor significativo. Entre todos custodian los valores de la humanidad.

Estos seres vivían en paz y en armonía, hasta que un día, este paraíso se ve amenazado por la invasión de unas fuerzas malignas que pretenden aniquilar los valores.

Imagina que eres la hermosa y valiente guerrera a la que la bondadosa y lánguida reina solicita ponga a buen recaudo los valores. La sabia y clarividente maga determinó que los valores debían ser guardados en una isla desierta, a un océano de distancia. En todo el reino sólo había una vieja barca y no había tiempo para construir otra embarcación. Así pues, confiando en la suerte y en la pericia y coraje de la guerrera, en esta defectuosa canoa, depositaron todos los valores  para que fueran puestos a salvo.

Antes de partir, la distante y enigmática maga entregó a la impetuosa guerrera una botella de cristal, susurrándole al oído que confiaba en su decisión y usase la botella en caso de encontrarse en un apuro.

Nuestra joven guerrera partió perpleja sin entender las palabras de la maga. Su aterciopelada voz aún permanecía en su memoria. La mar estaba revuelta y las olas azotaban la endeble embarcación. Nuestra guerrera empleó todas sus fuerzas para achicar el agua, pero nada se podía hacer contra el envite de las fuertes olas.
 
Para aligerar la carga de la barca, con gran dolor de su corazón, no vio otro remedio que deshacerse uno a uno de todos los valores hasta quedarse sólo con 10 valores. Con la barca más ligera, consiguió avanzar hasta otear en el horizonte tierra firme. Pero las condiciones del mar empeoraban por momentos. La guerrera, a la que no le quedaban apenas fuerzas, después de días de navegación, sin comida ni agua, comprobaba cómo la barca se iba hundiendo. Así que decidió deshacerse de otros 5 valores. Apenas le quedaba unas pocas millas para llegar a la isla, pero ya no confiaba en poder cumplir con el mandato de la reina. Entonces se acordó de las palabras de la maga:

“Confío en tu criterio; sé que sabrás qué hacer en el momento crítico. Toma esta botella de cristal. Sabrás cómo utilizarla. Escucha a tu corazón”.

Así pues, la guerrera escuchó a su corazón y supo lo que tenía que hacer. Debía al menos, salvar 3 valores, justo los que cabían en la botella de cristal. El mar llevaría la botella hasta la isla. Eligió siguiendo a su corazón los 3 últimos valores que consideraba eran esenciales para la continuidad de la humanidad”.

¿Cuáles son tus valores esenciales?

LOS 100 VALORES DE COACHING FACTORY

LOS 100 VALORES DE COACHING FACTORY

¿Cuáles habrán sido los 3 valores que la leal guerrera salvó de la destrucción? ¿Cuáles hubieras salvado tú? Si como la guerrera hubieras tenido que elegir 10 valores, deshacerte de 5, y finalmente, quedarte con 3, ¿cuáles hubieras elegido? Prioriza de esta lista, los 10 valores que dan sentido a tu vida y por los que te guías.

Coaching Factory se rige por estos valores (honestidad, integridad, vocación de servicio, crecimiento) para el desempeño en su trabajo. Alex Rovira los expresa de esta hermosa manera: “TERNURA, COMPASIÓN, DISPONIBILIDAD, SILENCIO Y ABRAZO, PRESENCIA SERENA; EN LA TRAGEDIA Y EL DUELO, EL AMOR, HONDO Y DELICADO”.

El valor de los valores

Los valores existen, seas o no consciente de ellos. La vida puede resultar más fácil si conoces tus valores, y tomas decisiones en función de ellos. En cambio, si das la espalda a tus valores, sentirás frustración, tristeza o malestar, aunque no identifiques el foco de tu pesar.

Por ejemplo, si para ti la familia es muy importante, y no ves a tus hijos porque no llegas hasta las 9 de la noche a casa, ¿no sentirás remordimiento o sufrirás de estrés? Y si no valoras la competitividad, y trabajas como comercial en un sector altamente competitivo, ¿te sentirás satisfecho con tu trabajo?

Tus valores son una parte central de quién eres, y quieres ser. Tomando consciencia de los valores que consideras importantes, podrás utilizarlos como guía para elegir la mejor opción para tu éxito, felicidad y bienestar.

Es por esto, que es importante os detengáis a reflexionar e identificar vuestros valores. El ejercicio planteado es alguno de los que proponemos en Coaching Factory para acompañaros por vuestro viaje interior y ayudaros a tomar las decisiones más honestas y coherentes en vuestra vida.


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Desde el co-razón de Bilbao

Imagen:  “There’s No Message In The Bottle” de Federico Stevanin, cortesía de FreeDigitalPhotos.net
 

Otoño, a vueltas con la cosecha interna

Momento mágico en Bundi. Sorprendida y agradecida.

Momento mágico en Bundi. Sorprendida y agradecida. Momento que guardo como un tesoro en mi cosecha interna. En el otoño de la vida me gustará mirar esta foto.

El otoño ya está aquí y llegó acompañado de lluvias, para no defraudar. Una nueva estación, un nuevo ciclo. Una de mis estaciones favoritas. La identifico con nuevas oportunidades. Me siento de nuevo niña, impaciente por volver a clase, con su estuche y sus pinturas nuevas, inquieta por conocer a su nueva “andereño” o “maisu”, sintiéndose importante porque comenzaba un curso superior (¡5º de EGB!), deseosa de aprender nuevas cosas (¡multiplicar, dividir con dos dígitos, y por fin, inglés…!). Esta ilusión y cosquilleo en el estómago se mantienen e incluso se han agudizado desde que comencé la aventura del emprendimiento y creamos Coaching Factory junto con María García.

El otoño es época de los nuevos propósitos. Me gusta el otoño. Lo vivo con emoción. Comenzamos descansados tras las vacaciones, con nuevas experiencias acumuladas y nuevos rincones descubiertos. Incluso volvemos con nuevos aprendizajes como los que compartió María García en el anterior post, “A vueltas con el síndrome post-vacacional“.

El otoño es época de contrastes. Por una parte, es el tiempo de recoger, de las grandes cosechas, y por otra parte, es el tiempo de preparar. Preparar la tierra para poder plantar en primavera, y prepararse para el largo invierno.

El otoño es época de equilibrio. Esta estación comienza con el equinoccio otoñal, cuando el día y la noche tienen la misma duración. ¿No es hermoso? ¡El equilibrio! Una vez que pasa el equinoccio de otoño, las noches se vuelven más largas y la temperatura comienza a bajar. Nos preparamos para el invierno. y, como tal, el otoño es considerado la estación del balance, una época durante la cual puedes restaurar el equilibrio en tu propia vida.

El otoño también es época del reconocimiento y agradecimiento. Es en esta época cuando todas las culturas del hemisferio norte honramos a nuestros seres queridos que ya no se encuentran con nosotros y a nuestros antepasados. En la cultura anglosajona celebran igualmente el Día de Acción de Gracias “Thanks giving”.

A vueltas con la cosecha interna

Mi cosecha interna, refiriéndome a todos los logros, experiencias y aprendizajes obtenidos a lo largo de este año.

¿Cuál ha sido mi cosecha interna?

¿He obtenido los frutos que esperaba?

¿Puedo hacer algo para obtener más o mejorar la recolecta?

¿Qué más me gustaría y cómo puedo ir preparando el terreno?

A vueltas con la gratitud y el reconocimiento

El otoño es época de reconocerTE y reconocer a los demás, sus aportaciones y tus logros. Te proponemos que realices la siguiente lista:

Apunta diez personas quienes han contribuido en tu crecimiento, en tu felicidad, en tu seguridad en tu bienestar. Házselo saber  (por escrito, cara a cara o mentalmente).
Apunta diez logros que has conseguido este año y reconócetelo. Celebra cada uno de ellos e incluso date un capricho por cada uno de tus logros (desde una palmadita, a un salto de alegría, a una cena especial, un bombón… cualquier detalle valdrá).
¿Que en la cuenta te salen también fracasos? ¡Perfecto!

Haz una lista de 10 cosas aprendidas y que nunca volverás a repetir.
¿Que todavía te quedan metas por conseguir? ¡Enhorabuena! Todavía tienes 3 meses para que termine este año. ¡Aún te queda tiempo!

Haz una lista de 10 cosas que debes hacer para conseguirlas. ¡Recuerda que la tierra también se prepara ahora para la primavera! No estáis solos. Contáis con familiares, amistades, compañeros y compañeras, socios, socias, y grandes profesionales como Coaching Factory para ayudaros 😉

Otoño, tiempo de cosecha y tiempo de siembra. Porque todo cambia. Podríamos haber terminado este post con las cuatro estaciones de Vivaldi con la que dimos la bienvenida en facebook, pero preferimos finalizar con una canción mítica de Mercedes Sosa, “Todo cambia”.

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¡Felices vacaciones de verano con coaching para niños y niñas!

Coaching para niños

Esta semana, ha caído en nuestras manos un artículo muy interesante sobre los/as más pequeños/as de la casa. La pregunta que se plantea en él, es si nuestros niños/as deben ser felices a toda costa. Una respuesta afirmativa, implica alejarles de todo sufrimiento, no permitir que se sientan solos/as, rechazados/as ni poco queridos/as, asegurarse de que están bien integrados/as en todo momento con sus (abundantes) amigos/as, que jamás pasen miedo, que nunca sean objeto de bromas o burlas, que muestren su personalidad…y un sinfín más de aspectos que desembocan aparentemente en hacer de la infancia la etapa más feliz de sus vidas.

Pues bien, este objetivo ideal de madres y padres, está empezando a ser cuestionado por los especialistas, que advierten de las consecuencias nocivas que puede ello acarrearles a nuestros hijos/as, hasta el punto de transformarlos en seres con nula tolerancia a la frustración y en tiranos diminutos en el seno de su vida social, escolar y familiar.

Uno de esos especialistas, es Fernando Alberca. Fernando, ejerce actualmente como profesor en la Escuela de Magisterio Sagrado Corazón de la Universidad de Córdoba. Ha sido asesor pedagógico de centros ubicados en Suecia y Reino Unido y ha publicado recientemente un libro titulado “99 trucos para ser más feliz”.

Fernando afirma que los padres pueden enseñar a sus hijos a ser felices, aunque avisa que la infancia no es la etapa más propicia para la felicidad porque está relacionada con aspectos como la madurez, la inteligencia y la seguridad, y un niño/a es por naturaleza inmaduro/a, inseguro/a y con la inteligencia en plena fase de arranque y desarrollo.

Continúa explicando que aunque la mayoría de adultos recordamos la infancia como la etapa más feliz de nuestras vidas, ello ocurre porque tendemos a olvidarnos de lo malo: los problemas en el colegio, el miedo a la oscuridad o a quedarnos solos y un sinfín más de situaciones que nos ponían a prueba a diario.

Sin embargo, apunta que la infancia es la etapa más propicia para aprender las pautas que nos harán adultos más felices. Tanto es así, que afirma que los doce primeros años son fundamentales y que a partir de ese momento, si se ha asimilado ese aprendizaje correctamente, se puede comenzar a vivir de las rentas el resto de nuestras vidas.

El error más garrafal que hoy cometemos las madres y los padres, es no enseñar a nuestros hijos/as a salvar obstáculos y sobreprotegerles. Haciendo esto, les estamos privando de oportunidades para que aumenten su autoestima. El incremento de los niveles de autoestima, proviene del hecho de desarrollar destrezas para solucionar problemas.

Un niño/a sobreprotegido/a tiene muchas papeletas para ser un/a adolescente infeliz que comience a pagar todo con sus progenitores y que tienda al aislamiento social y a la frustración constante.

Fernando habla del valor de la exigencia. De lo positivo que resulta exigir firmemente y desde el cariño a los/as más pequeños/as. También da un papel protagonista a la corrección realizada de forma adecuada, es decir, sin enjuiciar y en una proporción 5 a 1, (por cada corrección, cinco alabanzas relativas a cosas bien hechas). El refuerzo positivo es mano de santo.

En definitiva, la felicidad tanto en adultos como en niños/as, es la mezcla de dos sensaciones. Por un lado, sentirnos más queridos/as de lo que creemos que nos merecemos por todos los defectos que conocemos de nosotros/as mismos/as, y por otra, comprobar que somos capaces de querer a los demás más de lo que creíamos.

Cuando se dan ambas sensaciones, todos/as alcanzamos la felicidad y somos además capaces de contagiarla a los demás.

En Coaching Factory, creemos que el coaching es una herramienta muy válida para enseñar a los/as más pequeños/as a ser felices. De hecho, en nuestros posts, hemos llegado a preguntarnos ¿para qué sirven los padres?. Lo tenemos muy claro, para ser coaches de sus hijos e hijas. Como estas vacaciones, muchos/as de nosotros/as  las vamos a disfrutar junto a nuestros niños/as, queremos terminar esta entrada recomendándoos la lectura de un libro muy ligero y divertido titulado “Coaching para niños (o mejor dicho para padres)”, escrito por David Cuadrado.

David es padre de tres hijos de mujeres diferentes y este es el libro en el que nos cuenta cómo tuvo adaptar las herramientas de desarrollo personal y profesional que ofrece en su día a día a los altos ejecutivos de las empresas para las que trabaja, (negociación win-win, trabajo en equipo, sentido del compromiso, mejora de los procesos y muchas más), a la educación de sus pequeños, para ejercer una paternidad responsable haciendo encaje de bolillos a tres bandas.

Estamos seguras de que os arrancará más de una sonrisa y os dotará de herramientas sencillas para educar en la felicidad a vuestros niños/as.

¡Felices vacaciones de verano!

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