Cómo ayuda el miedo al hablar en público

Cómo ayuda el miedo al hablar en público. El miedo al hablar en público.

¡Gracias miedo por acompañarme!

Ya hace días, y aún me cuesta creerlo: ¡primer premio en el Concurso Nacional de Discurso Humorístico de Toastmasters!

¿Quién me lo iba a decir? Y no, no estoy hablando del trofeo, estoy hablando de haber sido capaz de salir al escenario, enfrentarme a mis miedos y disfrutar de cada instante.

Mucha gente llega a Coaching Factory diciéndonos que no es capaz de hablar en público porque… “me da miedo”. Lo que no imaginan es que, justamente ese miedo, es el que les va a permitir hablar en público de la mejor manera posible. En este post voy a contar cómo ayuda el miedo a hablar en público.

Y no lo digo porque lo haya leído en un manual de oratoria de esos que llenan mis estanterías; lo digo porque lo he vivido en mis carnes y eso no me lo tiene que contar nadie.

Hace meses decidí que éste era el año en el que iba a enfrentarme al miedo, a ese “bicho” que me habla cuando tengo que subir al escenario. Ese saboteador que se encarga de hacérmelo pasar muy mal antes, y sobre todo, durante un discurso. Claro que no es la primera vez que hablo en público, pero hacerlo en un concurso son palabras mayores. No sólo vas a hablar, sino que te estás jugando pasar a la siguiente fase, y esto, la verdad, no ayuda a mantener la calma.

Todas esas frases que mi miedo, ese “bicho saboteador”  me suele susurrar podían convertirse en gritos de peligro si participaba en el concurso. En mi caso su eslogan favorito es:

“¡Te vas a quedar en blanco!”

Sabe que le voy a creer porque me ha pasado en alguna ocasión. Se aferrará a ello y me convencerá de que puede volver a pasar, y más si estoy concursando.

Pero y entonces, ¿cómo vencerlo? Aquí viene lo bueno, no se trata de vencerlo, se trata de escucharle. El miedo no es el enemigo, el miedo es esa emoción que te permite sobrevivir, que no te deja cruzar la calle sin mirar antes a ambos lados. Es el que nos permitió salir corriendo cuando un león se nos acercaba allá por la antigüedad. El miedo nos avisa del peligro. El miedo nos protege de ser devorados, atropellados o… juzgados y apartados de un grupo.

“No es lo mismo tener miedo, que ser un cobarde. El miedo es una emoción, pero la cobardía es un comportamiento y, entre los dos, se encuentra la capacidad de elección del ser humano para ser valiente”, Jose Antonio Marina

A mí el miedo me dice que no lo he preparado bastante. Que quizás lo he memorizado, pero que eso no es suficiente. Sabe que confiar sólo en la memoria es muy peligroso. Basta un ruido o una mirada del público para olvidarte de todo.

Pero esta vez era distinto. El discurso lo tenía muy ensayado, podía repetirlo como repites una canción, siguiendo siempre el mismo ritmo, haciendo las mismas pausas, sin tirar de memoria, sólo fluyendo. Aun así mi miedo quiso gritarme, pero justo cuando estaba en el túnel de salida, respiré, y le contesté: “esta vez lo tengo bien preparado, esta vez puedo y quiero disfrutar”. Y el miedo supo que era cierto.  Bajó su  voz, casi un suspiro. Yo sabía que estaba ahí, y me mantuvo en guardia, despierta, activa, con la energía justa para salir con ganas al escenario, mirar al público, y regalarles lo que con tanto cariño llevaba semanas trabajando. Y cuando regalas de corazón no hay miedo, sólo deseo de agradar.

Así salí. Vi sus caras. Estaban esperando, no a mí sino a mi mensaje, y ése lo traía bien preparado, porque mi miedo se encargó de avisarme y yo… le escuché.

¿Qué te dice a ti tu miedo? ¿Te has parado a escucharle?

Si quieres disfrutar al hablar en público, te podemos ayudar.

Carmen Burguete con el primer premio en la modalidad de discurso humorístico a nivel estatal, celebrado en Marbella.


Pregunta por nuestros cursos para hablar en público y gestión emocional. Para estar al tanto de nuestros cursos y artículos, puedes seguirnos en Twitter (@coachingfactor) o facebook (@coachingfactoryteam). Tienes toda la información sobre Coaching Factory en nuestra página web (http://www.coachingfactory.es)

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Desde el co-razón de Bilbao

Cómo incrementar tu poder de influencia

 

– ¿Sabías que tú pones tus propios límites?
Las creencias limitantes condicionan tus habilidades y tu potencial.

– ¿Sabías que tú no eres tus emociones?
La conquista emocional nos lleva a resultados desastrosos con nosotros mismos, con nuestras relaciones y con nuestros clientes.

– ¿Sabías que tienes el poder de abrir todas las puertas?
La comprensión profunda de las emociones te revela cómo actuar para ejercer influencia en las demás personas.

– ¿Sabías que tus palabras cambian tu mundo?
La comunicación influyente contigo mismo y con las demás personas es la herramienta para generar influencia positiva de alto impacto en tu entorno.

Te ofrecemos herramientas para incrementar tu influencia, a través de la gestión de las emociones.

Coaching Factory sabe cómo; en este workshop, tú también aprenderás.

+ info: Workshop para incrementar tu pode de influencia, el día 16 de junio. 

Otoño azul, todo depende del color del cristal

otono-azul-1

Depende del color del cristal. A quienes recuerden el último capítulo de Verano Azul no les resultará extraña la angustiosa sensación de escuchar aquella triste canción de «El final del verano». Imposible encontrar peor estado de ánimo para volver a la rutina diaria, ¿verdad?.

Tengo que confesar que odio esa canción por el agujero gris que dibuja entre mis costillas. Y sin embargo, es curioso, me basta con saltarme ese «final» y pensar en el «inicio» del otoño y mis sensaciones cambian radicalmente. Desde pequeña me encantaba el arranque del curso: volver a ver a mis amigas, estrenar libros, libretas y bolis, etc. Todo olía a nuevo y a forro de libros. Aún hoy me pasa. Me gusta disfrutar del descanso veraniego pero cuando llega septiembre me atrapa esa energía de lo nuevo (vamos, la que aprovechan los anuncios de coleccionables y cursos de idiomas).

Depende del color del cristal con el que mires

Conclusión: entre el gris del final de Verano Azul y el brillo multicolor de estrenar otoño sólo hay un suspiro y un parpadeo. Misma situación, mismo momento y dos formas opuestas de vivir la experiencia. Volvemos a lo de la botella medio llena o medio vacía. Puedes sentir el triste final de las vacaciones o el ilusionante inicio de ese curso de oratoria con el que siempre soñaste; de una nueva temporada de tu serie favorita; de estrenar gimnasio o de volver a tomar un café con tus amistades. Claro que el verano tiene sus encantos pero no saber ver los del otoño (sabiendo que es lo que le sigue, te pongas como te pongas) es sencillamente simplificar demasiado.

Ya lo decía el filósofo Epicteto: « Lo que me preocupa no son las cosas en sí mismas, sino las opiniones que tenemos sobre las cosas».

¿Cuál es el color del cristal de tus gafas de ver?

Ante el síndrome post-vacacional

No podemos cambiar el paso de las estaciones, igual que no podemos cambiar todas las circunstancias y personas con quienes nos vamos encontrando; no obstante, sí podemos cambiar la forma en que nos relacionamos con nuestro entorno. Por ello, si sufres de síndrome post-vacacional, una vez más la solución está en tu mano (o en tu mente, o en tu estómago… o en donde esté tu centro).

Hablando de esto no puedo evitar recordar la historia de Viktor Frankl y su libro autobiográfico El hombre en busca de sentido. Ante las mismas penurias en un campo de exterminio muchas personas se abandonaban a su suerte, perdían la esperanza e incluso morían antes. Viktor sin embargo trató de vivir esos sufrimientos imaginando los libros y conferencias que podría dar al salir de aquel infierno. Se vio a sí mismo ayudando a otras personas a superar situaciones difíciles gracias a la experiencia que estaba viviendo en sus carnes. Esta forma de afrontar la situación le dio la oportunidad de soportar aquella experiencia con «ilusión» en vez de desesperación, pero también le ayudó a sobrevivir sin caer en el desánimo que a otras personas les llevó a la muerte.

Así que por complicada que sea una situación, por difícil que parezca, siempre nos queda buscar un cristal de color diferente y sacarle partido a la experiencia. Me gusta la forma de expresarlo de Stephen Covey.

«Las personas reactivas se ven a menudo afectadas por su ambiente físico. (…) Las personas proactivas llevan consigo su propio clima (…). Su fuerza impulsiva reside en sus valores y si su valor es hacer un trabajo de buena calidad, no depende de que haga buen tiempo o no

Vale que no es fácil, pero me encanta saber que es posible, gratis y lo tenemos al alcance de nuestra mano. La clave está en tomar conciencia como dice Covey de que «soy lo que soy como consecuencia de mis elecciones de ayer», sólo así podremos decir: «elijo otra cosa». ¿Habéis oído hablar de la proactividad?Se trata de ser proactivos y usar nuestra capacidad para decidir si queremos dejarnos influir por el clima, la crisis, un jefe gritón, unos hijos insufriblemente adolescentes,…o si nos saltamos todo esto que nos llega de fuera y buscamos nuestro «otoño azul» .

¿Y si ni con esas? Entonces hay que ser más proactivos todavía y pedir ayuda. Tu amigo, tu vecina, tu tía la del pueblo o tu coach pueden servirte para hacer ese viaje interior buscando el cristal de colores que necesitas. Yo ya me estoy poniendo manos a la obra, que falta me hace.

carmen-burguete

Autora de este post: Carmen Burguete, nueva incorporación al equipo de Coaching Factory. Licenciada en Ciencias Económicas y Empresariales, Master in Business Administration, Coach Profesional Certificada por ASESCO e ICF, experta en Coaching Personal y Ejecutivo. Coaching de Equipos y Practitioner en Programación Neurolingüística. Trayectoria profesional en área comercial y gestión de equipos.

Le apasiona la comunicación. Activa y comprometida con sus sueños, actualmente es vicepresidenta de Educación en el club internacional de oratoriaToastmasters Bilbao. Su perfil enLinkedin.

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Otoño, a vueltas con la cosecha.


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Los siete factores que generan estrés laboral

estrésEl estrés puede presentarse en cualquier tipo de trabajo. Cierto nivel de estrés en el trabajo es normal, sin embargo, el estrés excesivo puede obstruir la productividad e impactar en la salud tanto física como mental.
Coaching Factory dispone de una herramienta para evaluar los principales factores de estrés. Medirlos e identificarlos es fundamental para poder incidir en la mejora de la organización del trabajo para mitigar el estrés, y por tanto ganar en el desempeño, rendimiento, satisfacción y bienestar en el trabajo.

Porque nos merecemos ser felices también en el trabajo, sentirnos útiles y valorados también en el ámbito laboral.

Os presentamos los siete factores que generan estrés. ¿En qué estado se encuentra tu empresa respecto a estos factores? ¿Cómo vives cada uno de estos?

1) Factores de Estrés: Demanda

A pesar de que se necesita cierto nivel de reto para mantener la motivación así como para desarrollar habilidades nuevas en el trabajo, es importante que las demandas no excedan sus limites. La meta es tener un balance entre las demandas y el tiempo.

2) Factores de Estrés: Balance entre Esfuerzo y Recompensa

El tener un propósito o encontrar satisfacción laboral es un factor muy importante en cualquier trabajo. El poner mucho esfuerzo sin satisfacer la necesidad de una recompensa puede transformarse en estrés laboral. El estrés laboral surge cuando la persona no encuentra relación entre sus necesidades y la recompensa actual.

3) Factores de Estrés: Control

La sensación de no tener control es una causa universal de estrés. El estrés en el trabajo se incrementa al mismo tiempo que el nivel propio de control se reduce. El punto es tener un balance entre las responsabilidades y el control personal.

4) Factor de Estrés: Cambio organizacional

El cambio organizacional afecta a la gente de diferente manera. El cambio organizacional se puede definir como cualquier cambio en la gente, la estructura, la tecnología o procesos. El cambio organizacional varía en grado y dirección, lo que puede generar incertidumbre y puede crear tanto estrés como oportunidades.

5) Factores de Estrés: Tipo de Liderazgo

Las razones comunes causantes del estrés incluyen la falta de apoyo por parte de las personas con responsabilidad en equipos.

6) Factores de Estrés: Apoyo Social

La falta de apoyo por parte de los y las compañeras de trabajo y responsables puede llevar al estrés laboral. Un ambiente de apoyo es aquél en donde los gerentes proporcionan información clara y consistente y los compañeros/as de trabajo están listas para ayudar. Un ambiente que promueve relaciones laborales positivas y que desactiva conductas inadecuadas, también promueve la productividad y el compromiso.

7) Factores de Estrés: Estabilidad en el Trabajo

La gente se preocupa por varios aspectos de su trabajo, pero el miedo principal se deriva de la estabilidad laboral. La inestabilidad laboral se deriva del miedo a perder el trabajo y está asociada con las implicaciones del desempleo. El estrés también puede originarse debido a una falta de avance o de promociones lentas.


Si quieres evaluar el nivel de estrés en tu equipo o empresa, y conocer sus causas, trabajamos con una herramienta potente, de la empresa líder mundial en evaluaciones del talento, TTI Success Insights. Medimos  los niveles de estrés en cada uno de los factores descritos con anterioridad y acompañamos a diseñar el plan de acción para mejorar los ratios y conseguir así un mejor ambiente, más productivo y feliz.

Ponte en contacto a través de la web, por teléfono (637 772 983) o email info@coachingfactory.es

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¡Sorpresa! La sexta emoción

Sorpresa en los niños

Sorpresa, la sexta emoción. La emoción olvidada. Se reconocen cinco emociones básicas: la tristeza, la alegría, la ira, el miedo y el asco. La sorpresa no es reconocida en sí misma unánimemente como una emoción.

Sorpresa, impresión producida por algo imprevisto. La sorpresa se siente de manera inesperada durante un breve instante. Es espontánea e inesperada. Genera a continuación un sentimiento que puede ser neutral, agradable o desagradable. Puede dar paso a las diferentes emociones: miedo, alegría, asco, ira o tristeza.

La sorpresa, imprescindible para el crecimiento

Para mí, es indudablemente una emoción básica e imprescindible para el crecimiento del ser humano. Somos seres que necesitamos amor, y tan fuerte como nuestro instinto de supervivencia, es nuestra innata necesidad de aprender y crecer.

Tan fuerte como nuestro instinto de supervivencia, es nuestra innata necesidad de aprender y crecer

El amor y el conocimiento. Los dos grandes motores de la vida. Hay quien asegura que nuestro impulso por conocer, entender, comprender y saber es incluso más fuerte que el deseo sexual.

No sé si será cierto, pero cuando lo escuché me produjo sorpresa, además de risas en el auditorio. Esa aseveración se quedó fija en mi memoria.

El amor y el conocimiento. Los dos grandes motores de la vida

Precisamente, la neurociencia, tras  años de investigación sobre el funcionamiento del cerebro y sus conexiones neuronales ha determinado que la sorpresa es fundamental en el proceso de aprendizaje. Los estudios sobre cómo aprende el cerebro han concluido que la emoción y la sorpresa están relacionadas con la activación de una amígdala del sistema límbico que se aviva ante los acontecimientos que considera importantes, consolidándolos como recuerdos más duraderos.

¿Cuál fue la última vez que te sorprendiste? ¿Y en la que sorprendiste a alguien?

Los niños y niñas tienen que aprender mucho en poco tiempo. Es su capacidad de asombro, de descubrir algo nuevo, de percibir la novedad, lo que les ayuda a prestar atención y mostrar interés por lo nuevo. Esta emoción les ayuda a fijar en su memoria toda la nueva información. Podríamos pensar que al hacernos mayores perdemos la capacidad de asombro. Yo opino todo lo contrario. Cuanto más sabemos y entendemos, mayor capacidad de sorpresa desarrollamos.

Te propongo que en los próximos diez minutos ejercites tu capacidad de asombro. Mira a tu alrededor y pregúntate:

¿Qué es esto? ¿Para qué sirve? ¿Por qué está aquí? ¿Por qué tiene ese color y no otro? ¿Qué hace esto aquí? ¿Por qué está aquí y no en otro sitio?

Tócalo. Obsérvalo. Huélelo.

Tal vez y sólo tal vez, te sorprendas. No dejes de sorprenderte. A la vuelta de la esquina, en el próximo minuto puedes aprender algo nuevo. Depende de ti. Depende de las preguntas que te hagas.

La sorpresa es básica. Seamos nosotros también básicos. Como los niños y niñas que se dejan sorprender por la vida. Sorpréndeme y cuéntame cuál ha sido tu sorpresa favorita.

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Despedirse de la tristeza

Oda a la tristeza


 

 

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Despedirse de la tristeza

 

Despedirse-de-la-tristeza

¿Cómo despedirse de la tristeza si no le damos la bienvenida? Estreno el blog con un tema nada popular: la tristeza. En el post anterior hablé de ella y prometí acompañarla de una meditación guiada. ¿Una meditación guiada para qué? Para comenzar el curso con las pilas cargadas, llenas de energía, dispuestos a acoger al futuro emergente, con ilusión y felices ante la incertidumbre que depara todo inicio de curso.

Para iniciar un cambio o una nueva etapa es necesario desprenderse de lo viejo y dejar sitio a lo nuevo, dejar atrás emociones limitantes como la tristeza y saludar a las emociones potenciadoras como la alegría y la confianza. Por ello, este post. Para despejar la más mínima niebla que la tristeza pudiera proyectar sobre nuestro futuro. Fuera sombras. No hay tiempo que perder. Un nuevo y brillante curso nos está esperando. Por eso, esta meditación guiada para conectar con la tristeza, para saludarla,entenderla y así, despedirnos de ella.

Se puede ayudar al llanto a que venga.

Cierra los ojos, apriétalos,

frunce la frente

dirige hacia abajo la comisura de la boca

Contrae el abdomen, duro

Todo tu cuerpo tiene que estar constreñido y agarrotado

¿Dónde tienes tus pensamientos?

¿Qué es lo que te aflige?

Una ruptura sentimental

Una desilusión amorosa

Un fracaso laboral

Sufriste una injusticia

Sientes que no te valoran lo suficiente

Crees que no te reconocen en su justa medida

Estás desorientada

Te sientes sola

Perdiste a alguien querido

Lo tienes todo y aun así el pecho te oprime

No hay que tener razones para llorar o para estar triste.

La tristeza es un estado que nos lleva a nuestro interior.

Tal vez hace mucho que no te hablas, no te miras o no te cuidas.

La TRISTEZA llama a tu puerta.

Escúchala.Tiene un mensaje para ti.

Escúchala. Piensa sobre lo que te dice.

Abrázala. Cálmala. Compadécela. Pídele perdón por no haberla hecho caso antes.

Estate con ella el tiempo que quieras, y que necesites.

Llora, balancéate, mésate los cabellos, camina, anda, da vueltas, grita, desespérate.

Déjate llevar por la TRISTEZA.

¿Sientes calor, verdad?

¿Te queman los ojos?

Sientes calor en las mejillas.

Sientes ardor en el estómago.

Déjalo estar.

La TRISTEZA nació con nosotros. Es una de las emociones básicas que nos acompañan desde que nacemos y está presente en todas las culturas y civilizaciones del planeta.

Por eso… reconócela y siéntela. No tengas prisa por despedirla.

Tú y ella sabéis que no estaréis juntas por mucho tiempo.

Toma nota del mensaje que te deja la TRISTEZA. Aprende y actúa, en consecuencia.

ACTÚA, RECTIFICA, APRENDE para que la TRISTEZA sienta que ha sido escuchada.

Cuando la TRISTEZA sepa y tenga la certeza de que la has entendido, ella misma volverá a su gruta, y dejará paso al

CORAJE para que cambies y progreses, y a la

ALEGRÍA para que disfrutes y rías de la vida, y a la

ILUSiÓN para que te dé fuerzas y acompañes al CORAJE en ese proceso de cambio y progreso, y transformación y desarrollo, y a la

CONFIANZA y a la FE, para que te acompañen en el camino y no abandones nunca la senda del AMOR y la CREACIÓN, los dos factores que dan sentido a la vida.

 


 

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Oda a la tristeza

Antes de entrar al cineforum organizado por el CIE en Bilbao

Antes de entrar al cineforum de la película Del revés sobre las emociones organizado por el CIE en Bilbao

Oda a la tristeza. Hoy, canto a la tristeza. Gracias a la película Del revés de dibujos animados, que habla de las emociones básicas, me he acordado de la TRISTEZA. De todos los personajes, esto es, las emociones básicas, ALEGRÍA, TRISTEZA, IRA, ASCO y MIEDO, con la emoción con la que más me identifico es la tristeza. Me encantaría decir que soy pura ALEGRÍA y que es ella la que domina mi vida, pero tiendo más a ser introspectiva, taciturna y reflexiva.

Hoy, canto a la tristeza. Recupero unas líneas que escribí hace años invocando a la tristeza. La necesitaba. Necesitaba sentirla en toda su intensidad. Pido disculpas por el tono de este post, por si pudiera deprimir a alguien. No sigas leyéndolo si te encuentras en una etapa triste en tu vida o feliz, y no quieres ni oír hablar de la tristeza.  O sí. Precisamente cuando lo escribí quería tocar fondo. Disculpadme por no corregir lo que escribí en su día de corrido, sin matizar, sin releer, dejando que mi mano escribiera lo que sentía sin filtros.

“¿Dónde estás? Sé que estás ahí. Te siento, debajo del pecho. Mi rostro se comprime, se frunce, se humedecen los ojos, pero no te ven. Sigo buscándote. Quiero encontrarte para echarme a llorar. Quiero llorar, sollozar, vaciarme. Quiero tocarte, abrazarte, hacerte mía, para calmarte, vaciarme.

TRISTEZA, te busco. No tengo un cuerpo tan grande para no encontrarte. Sé que estás ahí, y hoy te necesito. Necesito poner nombre a mi estado.

TRISTEZA. No te acurruques, no te avergüences, no te escondas. Crees que me haces daño y no es así. Ahora te necesito. Necesito poner nombre a esta emoción.

TRISTEZA, no creas que me entristeces, no te sientas culpable.

Gracias por estar ahí, porque hoy te necesito. NECESITO llorar. SI no lo hago, sé que alguno de mis órganos enfermará. Por eso dejar de estar asustada, de esconderte y de sentirte pequeña.

De todas las emociones, tú eres la más pequeña, así te sientes. Pero eres GRANDE. Quiero abrazarte ahora, sentirte, calmarte, calmarme.

Fundidas en un gran abrazo, TRISTEZA, saldremos adelante.

Vendrán CORAJE y ALEGRÍA, ILUSIÓN y CONFIANZA, hasta FE vendrá a abrazarnos, para salir adelante. Pero ahora estamos tú y yo.

¿Dónde estás? Yo ya no te busco. Me quedo quieta. Te espero para terminar en un mar de sollozos, rotas por un llanto desgarrado y desconsolado. Ven, te espero…”

Ese día no vino, y yo seguí atenazada, mustia, ni siquiera triste… Quería llorar, pero mi VALENTÍA no me lo permitía. Me decía: “saldremos adelante, esto pasará, llorar no sirve de nada, para qué, busca una solución y ponte en marcha…”.

Pero yo sabía que antes tenía que vaciar y nadar en un mar de lágrimas…

Por eso escribí una meditación para invocar a la TRISTEZA, más bien a su exponente, el LLANTO…

Pero ese es otro post…

Gracias CIE por organizar el cineforum sobre esta película esencial para niños, niñas y adultos.

 


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¡¡Horror, tengo que hablar en público!!

Mujer de los nervios

¿Eres de esas personas a las que se les seca la boca, les tiembla la voz, les sudan las manos y el corazón les va a mil por hora cada vez que tienen que hablar en público?, ¡bienvenido/a al club!.

Esta semana, ha estado marcada por la aparición en los medios de comunicación de un grupo de maravillosas mujeres emprendedoras y empresarias, al que tengo el orgullo y la suerte de pertenecer y al que podéis seguir en www.emakumeekin.org. Por eso, me ha dado por ponerme a investigar por qué nos ponemos tan nerviosos/as cuando nos enfrentamos a un auditorio, a un micrófono y/o a una cámara. Elsa Punset y el profesor de psicología Clínica Experimental de la Universidad de Würzburg, Matthias Wieser, me han ayudado a entenderlo un poco mejor y me han dado unos trucos para controlar la ansiedad de hablar en público, que os voy a ir contando.

Primer asunto: ¿por qué muchos de nosotros/as nos ponemos de los nervios al hablar en público?

La neurociencia dice que es porque nuestro cerebro vuelve a hacer de las suyas. Se juntan en plan compinches el sistema de activación reticular y la amígdala, trayendo como resultado el que seamos particularmente rápidos/as para reconocer determinados tipos de caras en la audiencia, sobre todo aquellas que podrían desvelar pensamientos poco amables hacia nosotros/as, (rostros tristes, enfurruñados etc.). Ya veis que esto no ayuda demasiado, así que ¡sigamos!.

Segundo asunto: ¿es normal esto de ponerme de los nervios cuando hablo en público?

¡Pues sí!.  Resulta, que en gran parte de la vida diaria funcionamos con un cerebro inconsciente muy emocional, que nos quiere proteger. Y si ese cerebro emocional se siente amenazado, no va atender a argumentos racionales  como puede ser repetirse a uno/a mismo/a mil veces frases del tipo “no hay peligro, a toda esa masa de desconocidos/as, les va a encantar mi discurso”.

El cerebro emocional te avisará de forma inconsciente con mensajes de este otro tipo: “estás a punto de enfrentarte a una manada salvaje que puede reaccionar de cualquier manera: silbando, abucheando, tirando tomates”. Y claro, a los seres humanos no hay nada que nos ponga más nerviosos que la incertidumbre.

Tercer asunto: si la parte inconsciente de mi cerebro es la que me da guerra y no atiende a razones, ¿hay alguna manera de calmarla?.

¡Buenas noticias!. Sí que hay forma de calmarla. Ofrecerle pruebas concretas de que controlas la situación en la medida de lo razonable para que sus niveles de alerta ante la incertidumbre desciendan y te deje tener la fiesta, (el discurso, la presentación, la conferencia o lo que sea), en paz.

Cuarto asunto: ¿qué tipo de pruebas le hacen efecto?

Ensayar la charla en tu cabeza un montón de veces y, cuando te canses, ponerte delante de un espejo y seguir ensayando hasta que sientas que puedes dar la charla con tranquilidad, fluidez y desenvoltura (al menos en tu casa). Si quieres ir un paso más allá, puedes cerrar los ojos y recrear la sensación de estar en el escenario mientras cientos de personas prestan atención a lo que estás diciendo.

Beber un trago de agua antes de salir al escenario. Esto sirve para hacer pensar a tu cerebro irracional que la situación no es tan peligrosa como el vaticinaba, porque si estuvieras ante auténtico peligro de muerte, no serías tan tonto/a como para detenerte a beber.

Respirar profundamente desde el abdomen. Cuando tienes miedo, todos tus procesos fisiológicos se ven afectados, especialmente el digestivo, el urinario y el respiratorio. Ralentizando voluntaria y profundamente uno de ellos, en este caso la respiración, le estás diciendo a tu cerebro irracional que el peligro es menor del que teme. Además, una respiración acompasada y profunda, hará que tu voz se proyecte sin temblores y con más fuerza.

No poner obstáculos físicos entre el público y tú. Busca crear una comunicación directa con el público para que se establezca un clima de confianza entre vosotros/as. ¡Vivan los “pinganillos” y los micrófonos inalámbricos, fuera atriles, mesas y otros parapetos!

Mantener contacto visual con tu público. Existe una técnica que se llama “de los tres segundos”. Consiste en buscar al inicio de la charla entre las primeras filas de espectadores, una persona empática que asienta con la cabeza y sonría mientras hablas. Alterna el mirar a los ojos directamente a esa persona durante tres segundos, con fijar tu visión en el global de la sala. Utiliza también a esa persona seleccionada, para centrarte en ella cuando sientas que te desconcentras o que te sientes inseguro/a.

Y para terminar… el mega súper truco.

No pretendas aparentar lo que no eres y trabaja tus sentimientos desde adentro, con autenticidad. La escritora holandesa Lise Heyboer dice que solo cuando convivimos con nuestras emociones con naturalidad irradiamos relajación y ligereza. Si estás cómodo/a y relajado/a contigo mismo/a, conseguirás contagiar esa sensación de cercanía y seguridad a los/as que te rodean.

¡Ánimo…y al escenario! Tienes la oportunidad de sacar lo mejor de ti con nuestro curso de ORATORIA.

Curos-Oratoria-Bilbao-septiembre

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Receta del chef para cocinar un buen pastel de optimismo.

Pastel de optimismo   Esta semana queremos daros una receta llena de mentalidad positiva. Ingredientes:

  • Un detector de las tres “P” y unas tenacillas para extirparlas porque saben amargas.
  • Un potenciador de las tres “C” porque le dan un toque extra-sabroso a la vida.
  • Una escalera para cambiar de perspectiva y saber que siempre hay una salida.
  • Un relajante natural para que no te de guerra tu sistema límbico profundo.
  • Creatividad y ganas de pasarlo bien.

¿Comenzamos?

El detector de las tres “P” y las tenacillas.

Algunas personas “terribilizan” más que otras. Las que fantasean con resultados satisfactorios, es más probable que sean optimistas. Las que tienen tendencia ponerse en lo peor, son pesimistas.

Portada de Aprenda optimismo

Portada de la edición en castellano de “Aprenda Optimismo”

Existe un tercer grupo de personas (entre las que me incluyo), a las que se denomina en neurociencia “pesimistas rehabilitadas”. Son personas de tendencia pesimista que se han hartado, y apuestan cada día por practicar el positivismo activo y consciente. El doctor Martin Seligman habla de ellas en su libro “Aprenda Optimismo”.

Los/as pesimistas rehabilitados/as, tenemos que llevar con nosotros un detector de las tres “P” y unas tenacillas, para mantenernos en la brecha del optimismo cueste lo que cueste.

Un detector de las tres “P”, te avisa con un pitido chirriante cada vez que te estás tomando algo de manera Personal (como una amenaza de la que te tienes que defender), Penetrante (en el sentido de que lo invade todo) y Permanente (constantemente). Es el momento de agarrar firmemente las tenacillas.

El potenciador de las tres “C”.

En cuanto escuches el primer pitido chirriante, extirpa con las tenacillas el pensamiento Perturbador y conecta  tu potenciador de las tres “C”.  Este aparato, te hará cambiar el chip y transformará la amenaza en Cooperación, la sensación de indefensión en fuerza y Confianza y el auto-fustigamiento en Compromiso.

La escalera para cambiar de perspectiva y saber que siempre hay una salida.

En aquellas ocasiones en las que no puedas cambiar una situación, recuerda que siempre puedes cambiar tu marco de referencia mental, esto es, la forma o perspectiva en que tu  mente la interpreta.  Es algo parecido a lo que os conté en el post “A vueltas con el síndrome post-vacacional”, en relación a aquella excursión a la cala desierta. Y es que, ver las cosas desde una perspectiva diferente y más flexible, ayuda a sacar a flote tus tres “C”.

 Un relajante natural para que no te de guerra  tu sistema límbico profundo.

El sistema límbico profundo es una estructura del tamaño de una nuez. Está enterrado en el centro de tu cerebro y, entre otras funciones, se encarga del modo en que interpretamos el mundo que nos rodea. Si el sistema límbico está hiperactivo, (o sea, de los nervios), nos ponemos las gafas oscuras para ver la realidad. Aparece la desmotivación y el agotamiento físico/mental, a la vez que desaparece la fuerza de voluntad y la ilusión.

Por el contrario, si está tranquilo, aparecen las gafas de color rosa. Te sientes enérgico/a, brillante y te encanta estar en acción.

¿Cómo se calma un sistema límbico? Inundándolo de serotonina, que es la hormona de la felicidad. ¿De dónde puedes extraer serotonina?, de aquellas recomendaciones que te daba tu abuela y de las que te proporciona tu propio sentido común. Come bien, descansa, acércate y charla un rato con las personas de tu entorno, aprovecha para dar paseos por la naturaleza, haz lo que te haga sentir en paz y relajado/a, practica deporte…

Y sobre todo, recuerda:

Cuanto más irracionalmente ocupado/a estas y menos sentido común aplicas a las cosas básicas (comer, dormir, comunicarte, hacer ejercicio…), más guerra te va a dar tu sistema límbico.

Creatividad y ganas de pasarlo bien en esta vida.

Cuando éramos pequeños/as, divertirnos y vivir el momento era fácil. Sonreíamos y nos reíamos mucho. La alegría estaba presente en todo. La creatividad fluía de manera natural y no nos preocupaban las normas y convenciones sociales.

De repente, un día eres una persona adulta, tienes responsabilidades y empiezas a pensar: “cuando acabe con todas mis obligaciones, entonces quizá pueda divertirme” y, resulta que cuando las terminas, es hora de irte a dormir, estás demasiado cansado/a o medio muerto/a.

Este planteamiento es un coladero para que el pesimismo se pose en tu vida, así que anda con cuidado y mantente vigilante.

Parece que se nos olvida que la vida es un regalo con fecha de caducidad y que hay un tiempo para cada cosa. A esta pesimista rehabilitada, le gustaría que en su lápida apareciera reflejada su filosofía de aprovechamiento vital y pusiera algo así:

“Sonreía siempre, amó mucho, era creativa, transgresora y chispeante, solidaria, una amiga en la que podías confiar y a la que recurrir a pesar de que nunca recordara las fechas de los cumpleaños ni devolviera todas las llamadas”.

Y a ti, ¿cómo te gustaría que te recordaran?.

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Una de virus y antídotos. El juicio vs la empatía

 Descubriendo como la empatía disuelve nuestra manía de juzgar a los/as demás.

Descubriendo como la empatía disuelve nuestra manía de juzgar a los/as demás.

Estas semanas, en las que el Ébola está siendo primera plana en todos los medios de información, me ha dado por pensar que existe otro tipo de “virus” altamente venenoso y con una ratio de contagio impresionante, con el que convivimos a diario y nos hace la vida muy difícil. Estoy hablando de la tendencia a juzgar a los demás.

En un mundo ideal, todos/as seríamos inmunes tanto a las alabanzas como a los juicios del resto de los mortales pero, vosotros/as al igual que yo, sabéis que eso no suele ser así. Si preguntáramos delante de un auditorio numeroso (y sincero); “¿a quién le importa lo que piensen los demás de vosotros/as?, os aseguro que aquello se llenaría de un estruendo de voces que contestarían con un sonoro; “a mí”. Y es que, todos/as sabemos que tenemos un personaje insertado en nuestra cabeza, el juez, que además parece funcionar en modo “piloto automático” y que nos complica la existencia.

La explicación a esto, es que nuestro cerebro está programado para la aprobación porque cuando éramos bebes, ser rechazados significaba la muerte. Así pues, resulta que la necesidad de que nos valoren, nos respeten y nos quieran, la consideramos como una cuestión de supervivencia. De hecho, la famosa pirámide de las necesidades de Maslow, refleja el sentido de pertenencia a un grupo y el reconocimiento, como dos de los niveles que conducen a la auto-realización y plenitud personal.

Hay una interesante observación al respecto que hace el Doctor Daniel Amen, un psiquiatra que estudia los efectos de la química cerebral en la conducta. Él lo llama la regla del 18/40/60 y, aunque tenga el formato de las medidas de un mueble auxiliar de tienda sueca, no van por ahí los tiros.

La regla del 18/40/60 significa que a los 18 años nos preocupamos demasiado por lo que los/as demás piensen de nosotros/as; a los 40 eso comienza a importarnos un pimiento y a los 60 nos damos cuenta de que nadie pensaba en nosotros/as de todos modos.

Me parece una regla muy interesante pero estaría mucho mejor, seríamos más inteligentes y sobre todo tendríamos más paz, si pudiéramos conseguir llegar a esa conclusión antes de los 60.

¿Cómo podemos lograrlo?, con el antídoto al virus del juicio: la empatía.

A medida que desarrollamos la capacidad de ponernos en la piel de otra persona, nuestras críticas desaparecen y entra en escena la comprensión. Esto sucede porque, salvo en los casos en que los seres humanos tengan graves heridas emocionales, la mayoría de nosotros/as hacemos todo lo mejor que podemos en esta vida, aunque cometamos errores en el proceso de aprendizaje.

Tomar conciencia de que nuestras críticas son proyecciones de algo que no queremos reconocer en nosotros/as mismos/as, ayuda a activar nuestra comprensión y empatía hacia los/as demás y hace que el juicio vaya perdiendo terreno.

De hecho, lo que nos preocupa de los demás suele ser un reflejo de nuestro lado oscuro, esa parte de nuestra personalidad a la que juzgamos severamente e intentamos ocultar con vergüenza. Este lado oscuro, funciona igual que nuestra sombra física. Nos sigue a todas partes y nos va a seguir perjudicando hasta que seamos capaces de verla, analizarla y perdonarla en nosotros/as  y en los/as demás.

En Coaching Factory podemos acompañarte a mejorar tu calidad de vida y la de las personas que te rodean, ayudándote a aumentar tus niveles de empatía.

Cuando comprendemos las sombras de otras personas, somos menos vulnerables a sus opiniones. Podemos entenderlas, respetarlas y compartirlas (o no).

Cuando comprendemos nuestra propia sombra, damos el primer paso para generar anticuerpos contra el virus de juzgar a los/as demás y estamos en el camino a su aniquilación.

Y dicho esto, os propongo un brindis con un chupito de empatía bien cargado!!!  Feliz fin de semana !!!

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